Nina dotti y el performance participativo

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Mientras exista la voz, la vida es posible. Ésta no sólo es sonido, sino intercambio, pensamiento y libertad. La clave es que esa articulación gire con otra para que se convierta en aforo. Cuando el coro es capaz de movilizar los consensos y controlar los conflictos, entonces la política es posible. El problema está cuando el poder quiere desequilibrar la balanza. Allí la democracia entra en aguas peligrosas.

En medio de la profunda crisis que ha sacudido y sigue sacudiendo al país, ¿cómo reagrupar las voces y conducirlas para darles sentido en un territorio donde reina la censura? Sabiendo que es el lenguaje uno de los soportes más importantes de la práctica política, y, por tanto, del poder, ¿de qué forma pueden abrirse un espacio real para problematizar la democracia y refundar los derechos ciudadanos?

 

La política trata del estar juntos y los unos con los otros de los diversos –Hannah Arendt Qué es la política

El cauce amplificado

Las corrientes vanguardistas del arte del siglo XXI están demostrando que pueden aportar experiencias liberadoras. En esta estética signada por la emergencia -como lo entiende Reinaldo Laddaga- todas las voces colaboran en la escena; la escena, dicho de otro modo, se convierte en nosotros. La realidad social, tras la urdimbre de estas modalidades del arte y la política, posibilitan la co-creación de nuevos fenómenos culturales. Estamos, dicho de otro modo, ante la amplificación de lo público.

El artista asume su papel de cauce a un colectivo ávido de intercambio, más ahora que el ecosistema digital y la conectividad global han franqueado todas las fronteras de antaño. En medio de este contexto epocal, la artista venezolana Nina Dotti lanzó en el 2015 la plataforma “Yo soy Venezuela y tengo derecho a” como un medio para la protesta social dentro y fuera del país.

En una entrevista de enero del 2016, Dotti señaló: El perfomance no solo es acudir a la obra para contemplarla. Yo realizo el performance participativo para que cada uno de nosotros sea parte de la escena. Lo he utilizado los últimos 14 años como un canal de protesta en Venezuela”. Dotti es la propiciadora de una experiencia que agrupa y reconecta las emociones colectivas; y, paralelamente, otorga un rol capital a las individuos sacándolos del silencio. Los proyecta, entonces, como agentes sociales conscientes.

Inspiración, otredad, libertad y temporalidad son trascendencia. Pero son trascendencia, movimiento del ser ¿hacia qué? Hacia nosotros mismos –Octavio Paz El arco y la lira

Democracia conectada

Ante la imposibilidad de que los venezolanos tengan acceso a instituciones democráticas independientes, el movimiento “Yo soy Venezuela y tengo derecho a” se ha propuesto no sólo cuestionar el sentido de la democracia y sus representaciones, sino también plantearse como el canal por medio del cual la gente común pueda alzar la voz sin miedo.

Este performance participativo le confiere cuerpo a las exigencias de miles de venezolanos que fueron despojados de sus derechos políticos en casi dos décadas de persecuciones. Más allá de los símbolos patrios y las representaciones republicanas que han unido por dos siglos al país, este ejercicio mancomunado busca refrescar lo que hemos entendido como protesta. La herramienta emergente en esta potente forma de hacer ciudadanía: la utilización de las redes sociales.

Ya sea a través de la pancarta, la consigna, el canto, el verso, la fotografía, el cartel o la caminata, “Yo soy Venezuela y tengo derecho a” le da visibilidad al coro de las voces que siguen pujando por la libertad.

 

Movimiento activo

Una de las características de las protestas cívicas en contra del régimen durante muchos años ha sido la creatividad. Si bien los partidos políticos tradicionales pasan por un momento de cuestionamiento medular, la colectividad se ha armado de valor para crear sus propios símbolos y discursos de protesta callejera.

La propuesta de Nina Dotti está inmersa en esta refundación de la democracia y sus instituciones. De Caracas a Miami, de Roma a Venecia, de Madrid y muy pronto a Lima, el performance participativo ha demostrado la riqueza simbólica que posee el venezolano para comunicar la disidencia frente a los atropellos del régimen que impera hoy día.

Al sumar la creatividad con la interacción en las redes sociales, el movimiento busca extenderse allí donde esté presente el amor por el país. Más de 300 videos han sido subidos desde el 2015 en plataformas como Instagram, Twitter y Facebook bajo la etiqueta #YoSoyVenezuelaYTengoDerechoA; y en diciembre del 2018, se lanzará una página web donde se recopilará toda esta experiencia.

Los mensajes han sido replicados, comentados. Lo que refrenda, en cierto sentido, que el activismo -guiado a través de las redes sociales- es una manera de hacer República a través de los imaginarios y representaciones compartidas.

 

Lo que somos

El movimiento “Yo soy Venezuela y tengo derecho a”, llegó para coadyuvar la edificación de una nueva esfera pública no sólo a corto, sino a un mediano y largo plazo. Rastrea las posibilidades expresivas de un colectivo que saca lo mejor de nuestra tradición civilista.

Porque cada sujeto aporta una historia distinta y se posiciona ante el mundo con su propia originalidad y entereza. Lo que se sueña, lo que se anhela, pero también lo que memoriza y se sufre.

La protesta creativa de Nina Dotti, en fin, premedita acontecimientos políticos y prepara el terreno para la necesaria transformación de Venezuela cuando las cadenas caigan y las voces concreten sus sueños más luminosos en libertad.

TIW-team